Aceptar no es resignarse

La aceptación es un concepto cuya definición acostumbrada crea confusión y, en la práctica, resulta contraproducente. Solemos hacernos una idea bastante negativa de ella al equipararla con la resignación: “Aceptar -consideramos- es dejar las cosas como están, no movilizarse para cambiarlas, asumir que son y serán siempre así. Aceptar es tirar la toalla”. De esta forma juzgamos, no sin orgullo, que hay cosas inaceptables, que, incluso por cuestión moral, no han de ser jamás aceptadas.

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