Esforzarse no es forzarse: una lectura del esfuerzo a partir del budismo

El budismo emplea la imagen de un instrumento de cuerdas: si éstas están demasiado laxas, carecen de la fuerza suficiente para dar su sonido; si demasiado tensas, su sonido es crispado. En ninguno de los dos casos suena el instrumento de forma armoniosa. La vía media entre uno y otro extremos es la tan afamada propuesta por el budismo. Cuando emprendemos una actividad, a menudo oscilamos entre ambos polos: o bien nos perdemos por el lado del defecto, no sacando suficiente energía o motivación como para llevarla a término e incluso para iniciarla, o bien la emprendemos con tal fuerza que roza en tensión, impidiendo una naturalidad cómoda, despierta y eficaz. Seguir leyendo “Esforzarse no es forzarse: una lectura del esfuerzo a partir del budismo”

La mujer complaciente

Si hay algo que sabemos hacer la mayoría de las mujeres educadas en el patriarcado es complacer: no en vano se nos ha forjado para ello. Y si hay un motivo por el que lo seguimos haciendo una vez adultas, unido al desconocimiento de otros modos más sabios de lograr nuestro objetivo, a la fuerza de la inercia y a la falta de conciencia, es el de sentirnos aceptadas y queridas. La voluntad de aceptación y cariño en nada es problemática. El problema es el modo en que se nos ha enseñado a suplirla: a través de la complacencia sistemática y no selectiva, generalmente automatizada y por tanto no consciente ni elegidaSeguir leyendo “La mujer complaciente”