La mujer complaciente

Si hay algo que sabemos hacer la mayoría de las mujeres educadas en el patriarcado es complacer: no en vano se nos ha forjado para ello. Y si hay un motivo por el que lo seguimos haciendo una vez adultas, unido al desconocimiento de otros modos más sabios de lograr nuestro objetivo, a la fuerza de la inercia y a la falta de conciencia, es el de sentirnos aceptadas y queridas. La voluntad de aceptación y cariño en nada es problemática. El problema es el modo en que se nos ha enseñado a suplirla: a través de la complacencia sistemática y no selectiva, generalmente automatizada y por tanto no consciente ni elegidaSeguir leyendo “La mujer complaciente”

La incertidumbre

Todos nos vemos enfrentados en un momento u otro a situaciones de incertidumbre: inestabilidad afectiva, familiar, laboral, geográfica, personal… Transitamos por épocas en las que la falta de certeza parece ser la ley: no sabemos qué vamos a hacer, por dónde proseguir nuestro camino, cómo lograremos salir adelante, de qué modo conseguiremos ganarnos el pan, en qué lugar viviremos o con quién lo haremos. Seguir leyendo “La incertidumbre”

Aceptar no es resignarse

La aceptación es un concepto cuya definición acostumbrada crea confusión y, en la práctica, resulta contraproducente. Solemos hacernos una idea bastante negativa de ella al equipararla con la resignación: “Aceptar -consideramos- es dejar las cosas como están, no movilizarse para cambiarlas, asumir que son y serán siempre así. Aceptar es tirar la toalla”. De esta forma juzgamos, no sin orgullo, que hay cosas inaceptables, que, incluso por cuestión moral, no han de ser jamás aceptadas.

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